Los abuelos nunca mueren

“Lorenzo mirando al cielo me dice: mamá mira…entre esas nubes está mi abuelo, yo sé que me está mirando y siempre me está cuidando…

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En el blog hemos hablado en repetidas ocasiones del duelo, porque es una de las experiencias de la vida que encierra más emociones (dolor, tristeza, rabia, miedo…) pero en medio de todo lo negativo que pueda traer, el duelo también es una oportunidad de trascender, recoger aprendizajes, experiencias significativas, bonitos recuerdos y valorar lo que aún se tiene.

Han pasado ya 15 meses desde la muerte de mi padre y sentimos que aún está presente en cada paso de nuestra vida, incluso se convirtió en nuestra inspiración, en nuestra fuerza y en nuestro ángel protector.

Supe lo que significaba un abuelo, no porque los haya tenido (uno murió sin conocerlo y el otro murió cuando yo estaba muy pequeña), sino por la hermosa labor de mi padre con sus nietos.

Mi padre le enseño a mis hijos a valorar la naturaleza: les mostraba como se sembraba, juntos miraban las montañas, sentían el viento en su rostro, corrían por el pasto verde, se bañaban con el agua del río, veían desaparecer el sol y aparecer la luna, cuando llegaba la noche miraban las estrellas y escuchaban a los grillos.

Mi padre contaba las mejores historias: había que ver a Lorenzo y Mariantonia sentado en las piernas del abuelo escuchando cada palabra que le decía, cada día era un emocionante momento para escuchar las historias fantásticas que el abuelo contaba, en ocasiones armaba en su cama una casita con las sábanas y en ella se tejían los mejores recuerdos que jamás se olvidan.

Mi padre era una máquina de sonrisas: caer en los brazos del abuelo garantizaba minutos eternos de cosquillas, abrazos reconfortantes y además le encantaba consentir a los nietos con un helado al terminar la tarde.

La presencia del abuelo está reflejada en cada fotografía, en cada ladrillo que puso en la finca, en los videos que grabó y las canciones que cantó…el viejo está en el corazón de sus nietos y en este lugar no morirá nunca.

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Cuando la posibilidad inminente de la muerte llega a nuestra vida, sentimos que será imposible superar la perdida y además explicarle a los más pequeños lo que está a punto de pasar, pero lo que es inevitable debemos enfrentarlo con las herramientas suficientes para superarlo y transformarlo en una oportunidad.

Ser mamá me ayudo a descubrir que la perdida física de mi padre no era una condena de olvido, por el contrario; es maravilloso ver a mi hijo pequeño como habla de sus recuerdos, mira al cielo, ora a Dios y refleja en su personalidad las huella que dejo su abuelo.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. aventurera dice:

    A mi me paso algo parecido con mi abuelo.
    Es un sentimiento muy bonito el tener esos recuerdos de una persona tan importante, y un abuelo nunca muere, sólo permanece ausente a la vista de las personas porque en nosotr@s vivirá para siempre.

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    1. Gracias!! Por compartir tu experiencia de amor, es verdad los abuelos nunca mueren

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