Que recordarán los niños

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“cuando fui a la escuela, me preguntaron que quería ser de mayor, yo respondí: “feliz”. Me dijeron que yo no entendía la pregunta y  les respondí que ellos no entendían de la vida”  John Lenon

Existen innumerables frases y reflexiones, que nos llevan a pensar que la mejor época de la vida es la infancia, recuerdo con profunda nostalgia algunos momentos que se niegan a salir de mi mente, pero les confieso que esos recuerdos hacen parte del combustible de mi vida.
Mi principal recuerdo es el incondicional acompañamiento de mi familia materna en cada paso que di. Conocí de la mano de ellos el significado del amor y la entrega.
Como muchos recuerdos positivos que tengo en el corazón y en la mente, también habitan recuerdos negativos que alimentaron mis miedos.

Siempre he escuchado que cada cosa que pasa en tu vida, especialmente cuando eres niño, deja una cicatriz imborrable.

El cerebro humano es como un baúl inteligente, guarda lo que puede servir en algún momento de la vida y en muchas ocasiones deshecha lo que no va ha ser necesario recordar, dentro de esa basura se van muchos recuerdos bonitos, pero que no fueron tan relevantes y desafortunadamente en él, se quedan almacenados algunos recuerdos no tan agradables que hubiéramos querido olvidar para siempre.

Una de mis preguntas y se que para muchos de ustedes también es una inquietud, es porqué no poder olvidar lo que hizo daño en la infancia…pero la respuesta es clara, lo que se queda en nuestro cerebro, no tiene la intención de destruirnos; se queda ahí para enseñarnos a resolverlo o a usarlo como herramienta para enseñarle a los demás.

Cuando tenía cinco años disfrutaba de jugar con mis amigas, patinábamos en el barrio y nos encantaban las muñecas. Recuerdo vivir en un ambiente tranquilo y modesto. Aprendí del respeto y la cordialidad, pues los vecinos eran más que eso; “una familia dispuesta a cuidarse”.

Un día cualquiera, mientras toda mi familia se encontraba adentro de la casa compartiendo en torno a la deliciosa comida de mi abuela, yo jugaba con una de mis amigas de la cuadra,patinábamos, reíamos,contábamos historias…de la nada apareció un señor que decía estar buscando una dirección, no sé en que podíamos ayudarle dos niñas de 5 años, pero él inteligentemente nos ofreció a cada una un billete de 100 pesos, si lo acompañábamos a buscar por todo el barrio. Sin pensarlo mucho, sin el consentimiento de nuestras familias, frente a la puerta cerrada de la casa de mi abuela, decidimos ir con el señor en búsqueda de la dirección.
Poco a poco estábamos más lejos de la casa, poco a poco nos parecía más sospechoso y un frío nos recorría el cuerpo (aún no lo olvido) creo que habían pasado cinco minutos y ya sentíamos que era una eternidad. En segundos logramos soltarnos del hombre que probablemente tenía muy malas intenciones, salimos patinando tan rápido como nunca, en el camino sentíamos los pasos fuertes que nos perseguían, pero en algún momento miramos atrás y ya no estaba…con el corazón latiendo fuerte, con nuestro rostro pálido, pero con la firmeza de no contar la historia, tocamos la puerta de la casa y entramos sin decir una sola palabra, nunca dijimos nada por temor a ser reprendidas, pero nunca olvidamos lo que se siente al tocar las frías manos de un abusador.

Ahora, treinta años después se me eriza la piel al recordar ese momento…ahora que soy mamá de una niña pienso en lo que quiero que mi hija recuerde de su infancia.

Por estos días las noticias nos muestras la historia del brutal abuso y asesinato de una pequeña de siete años en manos de un monstruo , desalmado, enfermo, con una aparente vida normal, pero lleno de vacíos espirituales y con la capacidad de destruir la vida de una pequeña niña que tenía sueños e ilusiones.

No puedo ocultarle a mis hijos la perversión del mundo, no puedo garantizarles que nadie les hará daño, pero si puedo ganarme su confianza, dejarles claro lo que las personas jamás deben hacerles (una mala propuesta, tocarlos, comprar su silencio, mostrarles, obligarlos a tocar…) y además estoy en la obligación de escuchar hasta la más mínima palabra que quieran decirme incluso en el momento más inoportuno.

Quiero que mi hija tenga bonitos recuerdos, como yo los tengo, pero que también tenga las suficientes herramientas para identificar lo que no está bien y lo que debe contar de inmediato, para prevenir un posible abuso.

#niunamás #niunamenos

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